El término perseverancia proviene del latín perseverantia, que significa constancia, persistencia, firmeza, dedicación o tesón,
tanto en las ideas, como en las actitudes, en la realización de algo,
en la ejecución de los propósitos y también en las resoluciones del
ánimo. La perseverancia también se refiere a una duración permanente o
continua.
La
perseverancia es la capacidad para continuar y seguir adelante a pesar
de las dificultades, los obstáculos, la frustración, el desánimo, el
aburrimiento, o la tendencia o los deseos de rendirse o abandonar ante
una situación. Por lo tanto, una persona perseverante persigue sus
objetivos con tesón, es dedicada, acaba lo que ha empezado, se mantiene
concentrada y trabajando en su tarea con constancia, y si fracasa vuelve
a intentarlo mejorando el método. Por lo general, son optimistas y con
un estado de ánimo positivo, tienen una alta autoestima y una alta
capacidad de autocontrol.
En cualquier circunstancia de la vida,
se debe tener un objetivo claro o una meta que justifique el esfuerzo y
perseverancia o dedicación en un período de tiempo generalmente extenso.
Por eso, se dice que la perseverancia es la clave del éxito en muchas
situaciones, aunque se debería decir que la clave del éxito es saber
cuándo perseverar y cuándo no. Porque, por otro lado, perseverar puede
ser negativo, ya que se puede gastar mucho esfuerzo y tiempo en algo que
no produce ni va a producir ningún resultado. Por tanto, una persona
debe saber no sólo cuándo perseverar, sino también hasta qué punto y
cuándo es más inteligente abandonar y centrar nuestros esfuerzos en algo
diferente.

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